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20/3/20

Reparación histórica

Estamos a poco de un nuevo 24 de marzo y como dicen las Madres y Abuelas no marchamos pero seguimos pidiendo Memoria, Verdad y Justicia. Por ese lado viene este posteo.

En febrero nos anoticiamos que ingresaron a trabajar a PAMI dos compañeras, María José Luján y María Victoria Ventura. María José es hija de María Cristina Mazzuchelli y María Victoria de Carlos Marcelo Ventura.

Tanto Mazzuchelli como Ventura trabajaban en PAMI al momento de desaparecer. Esto es una reparación histórica necesaria que desde acá festejamos. 

Lo que sigue son las historias de María y Carlos, extraídas de este sitio que los recuerda: Trabajadores Desaparecidos de PAMI  

María Cristina Mazzuchelli - Belleza y revolución
Era la menor de seis hermanos, con un papá dentista que esperaba que todos fueran profesionales. Y aunque combinó sus estudios de música y danza con la carrera de Arquitectura, en la que llegó hasta 4° año, había otras opciones de vida esperándola.
En la familia la llamaban 'Poupée' (muñeca, en francés), ya que su belleza daba que hablar. La militancia, en cambio le daría el tanguero apelativo de 'Soledad, la de Barracas', por la zona donde realizaba su trabajo barrial, aunque también fue 'La Tana' o 'Laura'. Su amiga Ana Sebastián, quien la introdujo al mundo de la política, la recuerda sensible, inocente en cuanto al conocimiento de la realidad, pero sí consciente de su belleza y sus efectos en el entorno. 'Tenía un cuerpo que hacía darse vuelta hasta a los adoquines', dice. Atrevida para la época, llegó a ir a ver a River al Monumental en minishort y botas.
A los 21 conocería a Jesús María Luján, importante cuadro militante montonero conocido como el 'Gallego Willy'. A los tres meses se casaron, en ceremonia oficiada por cura tercermundista. Luego de un embarazo fallido, nacería María José, la única hija de ambos.
Se incorporó a PAMI en instancias fundacionales como tabuladora del área de Control de Información, y consta en su legajo que recibió capacitación en Estadísticas de Salud. Según testimonios, tuvo amistad con Adriana Bai Quesada. La persecución política, la hizo pedir licencia sin goce de haberes y mudarse a Córdoba.
El 26 de setiembre de 1976, junto a otros militantes, resiste un operativo militar en el Barrio General Bustos, en el que pierde la vida, a los 25 años. Por el armamento utilizado por el Ejército, la casa es incendiada y deben intervenir los bomberos, quienes encuentran a la niña entre el inodoro y el bidet, con una puerta haciendo de techo, a propósito del armamento pesado con el que eran asediados, donde María Cristina la había puesto a salvo. La pequeña es llevada por unas horas al Centro Clandestino de Detención La Perla y luego devuelta a su familia paterna.
Su marido caería tres años después, en 1979, dentro de uno de los episodios conocidos como 'la contraofensiva', y también estaría presente María José, ya de cuatro años. A esa edad tuvo su segundo cautiverio, no se sabe de cuántos días, y su segunda restitución a la familia paterna.
María José Luján Mazzuchelli tiene hoy 38 años, y como tantos hijos de víctimas del Terrorismo de Estado, ha debido reconstruir la historia con retazos, anécdotas, contados por compañeros de sus padres, o relatos familiares sesgados por la desaprobación del camino elegido.
Por ejemplo, se enteró hace poco tiempo que María Cristina había trabajado en PAMI, al ser contactada a través de las redes sociales. Pero lo que la enorgullece es, además del 'fuerte carácter' heredado y el evidente parecido físico, es otra cosa. Dice María José: 'Lo que me dejó mi vieja son las ganas de vivir, más allá de toda la historia, las ganas de seguir dando vida. Le costó tenerme, había perdido un embarazo. Estaba muy aferrada a mí, me cuidó hasta último momento, y pienso en el momento ese en que tuvo que dejarme. Debe haber sido muy doloroso ese instante. Hoy pienso que lo mejor que yo puedo haber hecho en la vida fue tener a mis dos hijos. Y cuando los veo siento que ella está en ellos y estaría muy contenta de tener los nietos que tiene.'
Se identifica también con su madre en la coquetería. 'Tenía ese costado muy femenino y no dejaba de arreglarse. Yo hago un paralelismo con Cristina, porque mi vieja tendría 61, y siempre digo que debe haber sido como ella, de no dejar esas cuestiones mundanas, que muchos le critican a la presidenta.'
No obstante, tanto María Cristina como su marido, no tenían apego por las pertenencias, al punto de dar la vajilla y otros regalos de casamiento. Dice María José: 'Tenían otro concepto de lo material. Al punto que no tenían ni para viajar en colectivo, según me he enterado por cartas de mi viejo a mi vieja. A veces no tenían ni para comer. Mis viejos no tenían nada, dieron todo. Eran militantes de verdad. Mi vieja le decía a mi abuela que sabía q podía dejar la vida, pero que le iba a dejar un mundo mejor a su hija, que era yo.'
Por todo ello, María José ve con buenos ojos los reconocimientos como el que PAMI lleva adelante: 'Siento que a mucha parte de los argentinos se los oculta, más cuando vienen de palos de militancia como Montoneros, como que es mala palabra. Y yo, a esta altura de mi vida, estoy orgullosa de mis viejos, porque realmente siento que ante todo fueron buenas personas y que pelearon por algo justo.'
El legajo de María Cristina en el Archivo Nacional de la Memoria es REDEFA 745

Carlos Marcelo Ventura - Como una taba que gira en el aire
Carlos Marcelo Ventura nació el 1º de septiembre de 1949. Era, familiarmente, ‘El Chuni’, aunque por su parquedad había quienes le llamaban ‘El Momia’. Se lo recuerda engominado, serio, con sólida formación intelectual. De su desempeño en PAMI, donde comenzó a trabajar organizando el sistema de médicos de cabecera -siendo él mismo casi médico-, se habla de él como ‘muy elegante y muy agradable, formal, con la palabra justa, con la orientación justa al jubilado’. Sin embargo, Carlos dejaba salir en la intimidad un sentido del humor muy agudo y particular, como recuerda su compañera Gladis, y también lo recuerda como gran compañero y gran padre. Cuando comenzó la represión se sintió muy responsable por las mujeres e hijos de sus compañeros, ejerciendo una solidaridad que lo exponía más de lo aconsejable.
Su historia de militancia lo ubica como uno de los fundadores, junto a Enrique Pankonin, de la Liga de Estudiantes Socialistas, agrupación formada por un centenar de militantes sobre una división profunda de Franja Morada, e incorporada tiempo después al peronismo universitario y a Montoneros, donde Ventura formó parte de la estructura de Sanidad.
El 29 de setiembre de 1976, un comando de militares encapuchados irrumpen en la sede del instituto, encañonando a todo el personal. Los Ventura figuraban en una lista de buscados y ese día salvaron el pellejo de casualidad (el episodio lo relatamos en otro capítulo).
‘A la mañana siguiente – cuenta Gladis- Carlos se hizo una pasadita por el trabajo, para ver qué pasaba, y cuando lo vio su jefa le hizo señas para que se fuera. La jefa salió atrás de él y ahí le contó que estaba de nuevo toda la Federal y habían pedido por teletipo todos los datos: los míos, los de Carlos, el domicilio mío, el de mis padres, etc. A los cuatro días allanaron la casa donde vivíamos juntos, la desmantelaron. Y también el domicilio que él tenía de soltero, que era de sus padres.’
Ya no volverían a su lugar de trabajo y mandan telegramas de renuncia. Dejan su hogar y se refugian en casas amigas, primero en La Plata y luego en Buenos Aires.
En una carta que Carlos envía a seres queridos retrata el irrespirable verano del '77. Dice: ‘Lo que ayer nomás nos parecía dramático (abandonar la familia, la casa, el estudio, el trabajo), hoy nos parece tan pequeño. Tantos compañeros se han ido físicamente que se nos hace más duro todavía. Como decía una amiga hace unos días: es como si nos fuéramos quedando sin pasado. Todos con quienes hemos compartido algo, hace cinco, siete o diez años, ya no están con nosotros.’
Gladis refiere que por entonces, aunque ‘era un militante crítico, tenía que seguir militando en honor a sus compañeros caídos, pero ya sabíamos lo mal que venía todo’.
Carlos Ventura es finalmente secuestrado el 28 de marzo. Dice su compañera: ‘desaparece acá, en Buenos Aires, a eso de las 10 de al mañana. Desde ese día, yo no sé más nada de Carlos. Es como que se lo hubiera tragado la tierra. No hay testimonios de que lo hayan visto en un centro de detención. No hay nadie que me pueda decir que lo vio.’
Tenía 27 años, un hijo de 18 meses y una bebita de 40 días.
Gladis Cardacci de Ventura se refiere a su situación posterior, la de ponerse a salvo para criar a sus hijos, como ‘in-cilio’, es decir, exilio interno. Treinta años después, en 2006, reingresó a PAMI por gestión personal del presidente Néstor Kirchner.
Jorge Falcone, compañero de militancia y de trabajo en PAMI, le adjudica a Carlos esta reflexión, a propósito de una conversación sobre la volubilidad de la condición humana ante situaciones límites: ‘El hombre es capaz de la mayor grandeza y la peor canallada. Ambas facetas coexisten como una taba que gira en el aire. Siempre hay circunstancias que nos prueban, y entonces la historia nos toma una instantánea que dura para siempre’.
La desaparición de Carlos Ventura, con todos los vejámenes que se pueden suponer, no implicó la caída de otros militantes. Por eso en su libro ‘Memorial de Guerralarga’, Falcone concluye con esta imagen: ‘Aquella taba en vuelo de la que hablaba había caído para siempre, del lado de la luz’.
El legajo de su desaparición es CONADEP 1478.

23/3/14

Trabajadores Desaparecidos de PAMI


Trabajadores Desaparecidos de PAMI: Hugo Oscar Lescano

Hugo Oscar Lescano - El Cabezón

Hugo Oscar Lescano se desempeñaba en la División Reintegros de la entonces Delegación Regional La Plata de este instituto. Era marplatense y le llamaban ‘Cabezón’. Sus compañeros del instituto lo recuerdan como un joven solidario, muy inteligente y muy reservado. Hablaba poco de sí mismo y de su familia. Tanto que tardaron en enterarse de que tenía un importante compromiso dentro de Montoneros, como responsable político del ‘Área Policlínico’ de La Plata. El 29 de setiembre de 1976, el día de la irrupción de los militares en la sede de PAMI, Lescano no se encontraba trabajando. Al día siguiente, al ver patrulleros de la Policía Federal, decide dar media vuelta y enviar su telegrama de renuncia. Sabía que lo buscaban a él.
Un mes y medio más tarde, el 18 de noviembre, fuerzas militares rodean su chalecito en el Barrio Los Hornos y lo intiman a entregarse. Pero antes de poder hacerlo o escapar, es asesinado junto a su mujer, Ana María ‘Tanny’ Quinteros. Tenían 26 y 21 años, y un hijo de 1, que sobrevivió.
El legajo de Hugo Oscar Lescano está registrado en el Archivo Nacional de la Memoria como SDH 702.
Fuente

Trabajadores Desaparecidos de PAMI : Augusto María Conte MacDonell

Augusto María Conte MacDonell - Daba la mano con las palmas abiertas
Dice Laura Conte: ‘Augusto María daba la mano con las palmas abiertas. Tenía una mano grande, y tenía brazos muy largos y él era muy largo. Y siempre las manos le revoloteaban alrededor de la cabeza, y todo el mundo le hacía bromas con eso. Yo después conocí sólo a una persona que daba la mano así, que fue Néstor Kirchner. Néstor Kirchner tenía eso. Te daba las manos de la misma manera. Eso me quedó marcado. Y además hizo tanto por los derechos humanos. Néstor tenía el legado de los chicos, y él era muy consciente de ese legado.’

A Augusto María le decían ‘Africano’, por el pelo mota. Sus compañeros lo describen alto, de ojos verdes, ‘de una ternura excepcional en su mirada’. Era el mayor de cinco hermanos y prácticamente el centro de la vida familiar del hogar formado por su padre Augusto, abogado y afiliado al Partido Demócrata Cristiano, y su madre Laura, psicoanalista. Ella lo recuerda sociable, amiguero y casero a la vez: ‘La casa estaba llena cuando él estaba, y estaba siempre en casa. Llegó a sostener compromisos riesgosos, y sin embargo el nunca dejó de ser un casero.’ Su hermano Gonzalo dice que Augusto María ‘tenía el rol del justo, del justiciero’.
Laura extiende esas características a sus amigos, y a toda la generación de su hijo. ‘Una generación muy especial –dice. No era él sólo. Leían, tocaban la guitarra, eran chicos curiosos, mucha música, mucho arte. Eran unos comprometidos, con un cambio social. No tenían frivolidad, tenían alegría, felicidad, eran deportistas.’
Esa sensibilidad, a fines de los ‘60 y en las aulas del Colegio Nacional Buenos Aires, desembocaría en la militancia política. Formó parte del Ateneo Evita, de Amenábar y Blanco Encalada, y desarrolló trabajo territorial en la villa del Bajo Belgrano y en los superpoblados conventillos de la zona, convirtiéndose en referente del Movimiento de Inquilinos Peronistas. ‘El tenía esa cosa de ser referente’, dice su madre.
‘Se hacía cargo de las cosas y de las personas, muy espontáneamente. Tenía a su vez dirigentes importantes, como (Enrique) Grynberg o (Francisco) Urondo, que lo amaban y lo promovían.’
Augusto María influyó a toda la familia con valores nuevos. ‘Nos planteó que no quería que lo sirvieran’, recuerda Laura, no obstante tener en el hogar empleadas domésticas muy queridas. ‘Dejamos de ser burgueses, por lo menos en intención. Eso de sentir la propiedad tan fuerte. Él consideraba que la ropa era de todos, lo mismo la guitarra. Y nos turnábamos para cocinar, para lavar los platos y esas cosas. Y cuando a él le tocaba estábamos todos en la cocina, y eso era muy lindo.’
Ya en la carrera de Economía, en la UBA, donde tenía buenas notas y llegaría hasta tercer año, reconocía que no sería un intelectual. ‘No voy a estudiar de rodillas’, decía. Su compromiso era concreto y con la realidad, no con la teoría.
Es en busca de mayor independencia económica es que se incorpora a trabajar en PAMI en el área de Afiliaciones, como tantos estudiantes de esa época. Pero para Augusto María todo era hacerse cargo de las personas que encontraba. Su madre recuerda que ‘se le iba mucha plata con sus viejitos. Juntaba camisetas de friza, o les cambiaba los anteojos. Tenía muy fuerte esa idea de que los otros eran más importantes que él', dice Laura.
Al ser convocado al servicio militar, con el clima político completamente enrarecido y un golpe militar en puerta, se ve en la disyuntiva de presentarse o, como otros compañeros, marchar al exilio. Tenía como antecedente una detención policial que podía dar a las fuerzas represivas la pista de su militancia. Su madre refiere que él no quiso irse y reconoce que ‘no nos dábamos cuenta de lo que se venía. El tenía unos dólares y se los dio a un compañero, que se fue y hoy está vivo.’
Augusto María Conte MacDonell se presentó ante la Armada, en la Base Aeronaval de Punta Indio. De allí desapareció el 7 de julio de 1976, con 21 años recién cumplidos. Antes fue elegido ‘mejor compañero’ por el resto de los conscriptos de la base.
Sus padres se convirtieron en activos militantes del incipiente movimiento de derechos humanos. Junto a Emilio Fermín Mignone fundan el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Augusto redobla su militancia en la línea Humanismo y Liberación, de la Democracia Cristiana, y en 1983, con la campaña que llevó como consigna ‘los derechos humanos al Congreso’, es elegido diputado nacional. Fallece en 1991.
Laura Jordán de Conte, como otras Madres de Plaza de Mayo, abandonó su apellido paterno por referencia e identificación con su hijo. Es parte del grupo de Línea Fundadora y vicepresidenta del CELS.
El testimonio de su desaparición es CONADEP 8378.
Fuente

Trabajadores Desaparecidos de PAMI: Carlos Marcelo Ventura

Carlos Marcelo Ventura - Como una taba que gira en el aire
Carlos Marcelo Ventura nació el 1º de septiembre de 1949. Era, familiarmente, ‘El Chuni’, aunque por su parquedad había quienes le llamaban ‘El Momia’. Se lo recuerda engominado, serio, con sólida formación intelectual. De su desempeño en PAMI, donde comenzó a trabajar organizando el sistema de médicos de cabecera -siendo él mismo casi médico-, se habla de él como ‘muy elegante y muy agradable, formal, con la palabra justa, con la orientación justa al jubilado’. Sin embargo, Carlos dejaba salir en la intimidad un sentido del humor muy agudo y particular, como recuerda su compañera Gladis, y también lo recuerda como gran compañero y gran padre. Cuando comenzó la represión se sintió muy responsable por las mujeres e hijos de sus compañeros, ejerciendo una solidaridad que lo exponía más de lo aconsejable.
Su historia de militancia lo ubica como uno de los fundadores, junto a Enrique Pankonin, de la Liga de Estudiantes Socialistas, agrupación formada por un centenar de militantes sobre una división profunda de Franja Morada, e incorporada tiempo después al peronismo universitario y a Montoneros, donde Ventura formó parte de la estructura de Sanidad.
El 29 de setiembre de 1976, un comando de militares encapuchados irrumpen en la sede del instituto, encañonando a todo el personal. Los Ventura figuraban en una lista de buscados y ese día salvaron el pellejo de casualidad (el episodio lo relatamos en otro capítulo).
‘A la mañana siguiente – cuenta Gladis- Carlos se hizo una pasadita por el trabajo, para ver qué pasaba, y cuando lo vio su jefa le hizo señas para que se fuera. La jefa salió atrás de él y ahí le contó que estaba de nuevo toda la Federal y habían pedido por teletipo todos los datos: los míos, los de Carlos, el domicilio mío, el de mis padres, etc. A los cuatro días allanaron la casa donde vivíamos juntos, la desmantelaron. Y también el domicilio que él tenía de soltero, que era de sus padres.’
Ya no volverían a su lugar de trabajo y mandan telegramas de renuncia. Dejan su hogar y se refugian en casas amigas, primero en La Plata y luego en Buenos Aires.
En una carta que Carlos envía a seres queridos retrata el irrespirable verano del '77. Dice: ‘Lo que ayer nomás nos parecía dramático (abandonar la familia, la casa, el estudio, el trabajo), hoy nos parece tan pequeño. Tantos compañeros se han ido físicamente que se nos hace más duro todavía. Como decía una amiga hace unos días: es como si nos fuéramos quedando sin pasado. Todos con quienes hemos compartido algo, hace cinco, siete o diez años, ya no están con nosotros.’
Gladis refiere que por entonces, aunque ‘era un militante crítico, tenía que seguir militando en honor a sus compañeros caídos, pero ya sabíamos lo mal que venía todo’.
Carlos Ventura es finalmente secuestrado el 28 de marzo. Dice su compañera: ‘desaparece acá, en Buenos Aires, a eso de las 10 de al mañana. Desde ese día, yo no sé más nada de Carlos. Es como que se lo hubiera tragado la tierra. No hay testimonios de que lo hayan visto en un centro de detención. No hay nadie que me pueda decir que lo vio.’
Tenía 27 años, un hijo de 18 meses y una bebita de 40 días.
Gladis Cardacci de Ventura se refiere a su situación posterior, la de ponerse a salvo para criar a sus hijos, como ‘in-cilio’, es decir, exilio interno. Treinta años después, en 2006, reingresó a PAMI por gestión personal del presidente Néstor Kirchner.
Jorge Falcone, compañero de militancia y de trabajo en PAMI, le adjudica a Carlos esta reflexión, a propósito de una conversación sobre la volubilidad de la condición humana ante situaciones límites: ‘El hombre es capaz de la mayor grandeza y la peor canallada. Ambas facetas coexisten como una taba que gira en el aire. Siempre hay circunstancias que nos prueban, y entonces la historia nos toma una instantánea que dura para siempre’.
La desaparición de Carlos Ventura, con todos los vejámenes que se pueden suponer, no implicó la caída de otros militantes. Por eso en su libro ‘Memorial de Guerralarga’, Falcone concluye con esta imagen: ‘Aquella taba en vuelo de la que hablaba había caído para siempre, del lado de la luz’.
El legajo de su desaparición es CONADEP 1478.
Fuente

Trabajadores Desaparecidos de PAMI: María Cristina Mazzuchelli


María Cristina Mazzuchelli - Belleza y revolución 
Era la menor de seis hermanos, con un papá dentista que esperaba que todos fueran profesionales. Y aunque combinó sus estudios de música y danza con la carrera de Arquitectura, en la que llegó hasta 4° año, había otras opciones de vida esperándola.
En la familia la llamaban 'Poupée' (muñeca, en francés), ya que su belleza daba que hablar. La militancia, en cambio le daría el tanguero apelativo de 'Soledad, la de Barracas', por la zona donde realizaba su trabajo barrial, aunque también fue 'La Tana' o 'Laura'. Su amiga Ana Sebastián, quien la introdujo al mundo de la política, la recuerda sensible, inocente en cuanto al conocimiento de la realidad, pero sí consciente de su belleza y sus efectos en el entorno. 'Tenía un cuerpo que hacía darse vuelta hasta a los adoquines', dice. Atrevida para la época, llegó a ir a ver a River al Monumental en minishort y botas.
A los 21 conocería a Jesús María Luján, importante cuadro militante montonero conocido como el 'Gallego Willy'. A los tres meses se casaron, en ceremonia oficiada por cura tercermundista. Luego de un embarazo fallido, nacería María José, la única hija de ambos.
Se incorporó a PAMI en instancias fundacionales como tabuladora del área de Control de Información, y consta en su legajo que recibió capacitación en Estadísticas de Salud. Según testimonios, tuvo amistad con Adriana Bai Quesada. La persecución política, la hizo pedir licencia sin goce de haberes y mudarse a Córdoba.
El 26 de setiembre de 1976, junto a otros militantes, resiste un operativo militar en el Barrio General Bustos, en el que pierde la vida, a los 25 años. Por el armamento utilizado por el Ejército, la casa es incendiada y deben intervenir los bomberos, quienes encuentran a la niña entre el inodoro y el bidet, con una puerta haciendo de techo, a propósito del armamento pesado con el que eran asediados, donde María Cristina la había puesto a salvo. La pequeña es llevada por unas horas al Centro Clandestino de Detención
La Perla y luego devuelta a su familia paterna.
Su marido caería tres años después, en 1979, dentro de uno de los episodios conocidos como 'la contraofensiva', y también estaría presente María José, ya de cuatro años. A esa edad tuvo su segundo cautiverio, no se sabe de cuántos días, y su segunda restitución a la familia paterna.
María José Luján Mazzuchelli tiene hoy 38 años, y como tantos hijos de víctimas del Terrorismo de Estado, ha debido reconstruir la historia con retazos, anécdotas, contados por compañeros de sus padres, o relatos familiares sesgados por la desaprobación del camino elegido.
Por ejemplo, se enteró hace poco tiempo que María Cristina había trabajado en PAMI, al ser contactada a través de las redes sociales. Pero lo que la enorgullece es, además del 'fuerte carácter' heredado y el evidente parecido físico, es otra cosa. Dice María José: 'Lo que me dejó mi vieja son las ganas de vivir, más allá de toda la historia, las ganas de seguir dando vida. Le costó tenerme, había perdido un embarazo.
Estaba muy aferrada a mí, me cuidó hasta último momento, y pienso en el momento ese en que tuvo que dejarme. Debe haber sido muy doloroso ese instante. Hoy pienso que lo mejor que yo puedo haber hecho en la vida fue tener a mis dos hijos. Y cuando los veo siento que ella está en ellos y estaría muy contenta de tener los nietos que tiene.'
Se identifica también con su madre en la coquetería. 'Tenía ese costado muy femenino y no dejaba de arreglarse. Yo hago un paralelismo con Cristina, porque mi vieja tendría 61, y siempre digo que debe haber sido como ella, de no dejar esas cuestiones mundanas, que muchos le critican a la presidenta.'
No obstante, tanto María Cristina como su marido, no tenían apego por las pertenencias, al punto de dar la vajilla y otros regalos de casamiento. Dice María José: 'Tenían otro concepto de lo material. Al punto que no tenían ni para viajar en colectivo, según me he enterado por cartas de mi viejo a mi vieja. A veces no tenían ni para comer. Mis viejos no tenían nada, dieron todo. Eran militantes de verdad. Mi vieja le decía a mi abuela que sabía q podía dejar la vida, pero que le iba a dejar un mundo mejor a su hija, que era yo.'
Por todo ello, María José ve con buenos ojos los reconocimientos como el que PAMI lleva adelante: 'Siento que a mucha parte de los argentinos se los oculta, más cuando vienen de palos de militancia como Montoneros, como que es mala palabra. Y yo, a esta altura de mi vida, estoy orgullosa de mis viejos, porque realmente siento que ante todo fueron buenas personas y que pelearon por algo justo.'
El legajo de María Cristina en el Archivo Nacional de la Memoria es REDEFA 745.
Fuente

Trabajadores Desaparecidos de PAMI: Adriana Claudia Spaccavento

Adriana Claudia Spaccavento - Protagonista del primer PAMI 
Distintos testimonios coinciden en calificar al clima de trabajo de los primeros años del instituto como de épica y alegría. Se había censado a los trabajadores jubilados y pensionados, la mal llamada ‘clase pasiva’, quienes por primera vez tendrían su propia obra social. La tarea de afiliar era llevada adelante con gran entusiasmo por jóvenes, casi siempre estudiantes, que así irrumpían en el mercado laboral.
Adriana Claudia Spaccavento llegó al instituto luego de terminar el secundario en el Liceo 9 de Belgrano, y revistó como inscriptora en el sector de Afiliaciones desde 1972. Comprometida con el peronista revolucionario desde muy joven, en la militancia sería conocida como ‘Ana’, y esa misma militancia la obligaría a dejar el trabajo en 1974.
El 4 de Noviembre de 1977, un día antes de cumplir 25 años, es secuestrada en la ciudad de Córdoba. Fue vista el Centro Clandestino de Detención ‘La Perla’, de donde fue ‘trasladada’.
Su familia la reivindica como ‘un estandarte de luz contra todas las formas de opresión e injusticia’. Su mamá Celia, ya fallecida, es una recordada Madre de Plaza de Mayo.
Su legajo de CONADEP es el número 4975.
Fuente

Trabajadores Desaparecidos de PAMI: Pablo Del Rivero

Pablo Del Rivero - Antes de la dictadura 
Los crímenes de lesa humanidad no se remiten exclusivamente al período de la dictadura militar. Ya durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón actuaron bandas como la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) o la CNU (Concentración Nacional Universitaria), que sembraron el terror al amparo del aparato estatal.
El periódico Miradas al Sur ha contabilizado más de 60 crímenes atribuidos a esta última organización sólo en La Plata, aunque también operó en Bahía Blanca y Mar del Plata. Recién en 2011 han tomado estado judicial, deteniéndose a algunos de los cabecillas.
El platense Pablo del Rivero era egresado del Liceo Víctor Mercante y estudiaba Geología, carrera que se cursaba en el ‘Museo’. Militaba en la Juventud Universitaria Peronista, y anteriormente en la FURN (Federación Universitaria de la Revolución Nacional), al igual que Cristina Fernández y Néstor Kirchner.
Había jugado en las divisiones inferiores del La Plata Rugby Club, por lo que aparece mencionado en el libro de Gustavo Veiga, ‘Deporte, desaparecidos y dictadura’, junto a otros dieciséis rugbiers de esa institución.
Tenía 24 años y llevaba apenas dos semanas como agente de la delegación platense de PAMI aquel 8 de julio de 1975, cuando paseaba en moto junto a sus compañeros Mario Cédola y Gustavo ‘Tony’ Rivas por el Paseo del Bosque. Un auto los cruzó, descerrojando una balacera. Del Rivero y Cédola murieron en el acto, mientras que Rivas fue llevado herido al hospital. Antes de fallecer al día siguiente, declaró haber reconocido como uno de los atacantes al ‘Chino’ Néstor Causa, miembro de la CNU.
Estas muertes, más las de los militantes del Grupo Universitario Socialista (GUS) Roberto Antonio Rocamora y Norberto Juan Rolando, y la del estudiante Guillermo Codino, fueron ‘promocionadas’ como la operación ‘Once por Ponce’, con la cual la CNU pretendía vengar la muerte de Gastón Ponce Varela, quien fuera ejecutado por Montoneros unos días antes. Ninguno de los asesinados tenía que ver con la muerte de Ponce.
El cuerpo acribillado a balazos de Pablo del Rivero fue velado a cajón abierto.
Su papá, que se llamaba igual, había fallecido cuando él era muy pequeño. Su mamá, que padecía parálisis en las piernas, y su hermana, que también era militante, se radicaron en España luego del asesinato.
El Archivo Nacional de la Memoria lo registra como REDEFA 1653.

Trabajadores Desaparecidos de PAMI: Oscar Guillermo Engel

Oscar Guillermo Engel - El interventor que escapó por los techos
Desde mitad de marzo de 1976, poco antes del golpe militar, el contador Oscar Guillermo Engel se desempeñó en Nivel Central de PAMI. Poco tiempo después encabeza la intervención de la entonces
Delgación Regional La Plata, nombrado por las autoridades militares.
La sede de la calle 51, entre 4 y 5, tenía en planta alta dos oficinas, las del director y su secretaria. Engel eligió para ese cargo a Liliana Perdomo. Ella lo recuerda como un hombre callado, que hablaba mucho por teléfono y que se encerraba en su oficina con quienes habían ido con él desde Buenos Aires. Aún con ella hablaba muy poco. ‘Trabajábamos en una circunstancia de mucho temor, y no sabíamos él de qué lado estaba – dice Liliana-. Entonces, te imaginás, uno veía a uno de pelo corto y se preocupaba. Nos atrevíamos a hablar con el que estaba al lado y lo conocíamos de años’. Otra trabajadora, Gladis Cardacci, dice ‘él no era militar, pero no sabíamos de dónde venía’.
Por eso, todos se asombraron de su actitud aquel 29 de setiembre de 1976, cuando una patota militar irrumpió en PAMI y pidió ver a Engel. Al informárseles que estaba ocupado, insistieron. Mientras tanto, el interventor, nervioso, intentaba hacer unas llamadas telefónicas. Cuando estuvo claro que ellos no se iban a retirar, optó por retirarse él. Abrió la puerta de su despacho y le dijo a su secretaria ‘me voy’, entregándole un gran manojo de llaves. Jorge Carafiello, quien se desempeñaba en el archivo, lo acompañó a fugarse por los techos. Bajaron a dos casas, por donde funcionaba la Clínica Avenida. Ahí ganaron la calle.
Relata Perdomo que luego de 20 o 25 días volvió a trabajar a su despacho, ‘y un día no llegó más’.
Su familia denunció que Oscar Guillermo Engel fue secuestrado en la vía pública el 9 de diciembre de 1976 a las 7.45 de la mañana, en Ituzaingó, Provincia de Buenos Aires, donde vivía. Tenía 26 años.
Dice su ex secretaria: ‘Era muy claro. Si él escapa en esas circunstancias, estaba de nuestro lado, en definitiva. Y evidentemente tenía más información de la que teníamos nosotros’. ‘Lamentablemente, no pudimos conocerlo’, dice Cardacci.
Su legajo en la CONADEP es el número 1.584.
Fuente