23/9/15

Relatos de viaje, por Sergio Rossi


¡Cómo que no vamos a ir!

La realidad, bajo análisis, relatada por un testigo y protagonista de época
- ¿Cuál es el origen de su pasión por la escritura y su escuela para formarse como escritor?
- Pasión es una palabra enorme. No tengo escuela ni formación como escritor. Sí me gusta leer, leer variado. He escrito desde joven volantes y documentos militantes, y artículos en revistas políticas que a veces mezclé con notas sobre historia o literatura. A partir del correo electrónico empecé a escribir o polemizar un poco usando el ámbito y las herramientas del ciberespacio.


- ¿Dónde ubica el sostén teórico e ideológico, para vincular producción intelectual y militancia política, intención que se ve reflejada en los textos que integran su libro?
- ¡Esa pregunta requiere otro libro para ser respondida! Me parece que el vínculo entre teoría y práctica no es un problema de sostén ideológico sino de actitud y posibilidades vitales. Una cuestión es el anclaje ideológico que uno tenga; otra, muy vinculada, cómo se concibe y pone en actos la relación entre la teoría y la práctica. Sobre lo primero, quizás por una formación intelectual más bien libresca, yo empecé siendo un izquierdista jacobino que, leyendo historia mientras estudiaba ingeniería y mirando lo que sucedía cambié de actitud. Me propuse participar en política porque no me satisfacía quedarme sólo en analizar y criticar lo que pasaba. Y a partir de esa decisión, y en la medida en que uno crea que no hay revolución posible si no se realiza democráticamente y convenciendo mayorías, la teoría queda atada de manera indisoluble a la necesidad de convencer y organizar. Lo que impone despojarse del iluminismo y la idea de que la verdad está en un lugar fuera de la sociedad, o es patrimonio de pocos. La canción de “La Mosca” hace teoría política cuando dice “juntando pedacitos, armando despacito un sueño pa’ soñar”, lo mismo que el prólogo de Scalabrini Ortiz a El hombre que está solo y espera, con la idea de que sólo la reunión de multitudes permite avizorar el espíritu nacional.
Siempre he admirado que grandes líderes políticos hayan escrito obras mientras hacían revoluciones. ¿Cómo harían? ¡Y encima bien escritas!
Me parece que la escritura política sirve para convocar a la acción; para buscar un orden a las piezas de la realidad y dar un sentido único y un destino común a los actos de los hombres; o para decir algo que no esté dicho, por el contenido, por la forma o por la oportunidad. Es bueno provocarnos un poco, mantener la curiosidad, alejarnos de la rutina, y desconfiar siempre del sentido común y lo que se nos quiere dar por verdades reveladas.


- En la segunda mitad del siglo XIX, los debates acerca del país, tenían al libro y su circulación como espacio privilegiado. Hoy, por múltiples razones, casi no existen protagonistas de la vida política que escriban, ordenen, sistematicen sus ideas para compartirlas con otros.¿Puede decirse que su libro recupera algo de aquella tradición?
- Creo que podemos retomar la pregunta anterior. También hay ahí diferentes usos de la escritura política. Alberdi escribe el Fragmento buscando influir sobre Rosas, y las Bases para hacerlo sobre Urquiza. Sus escritos posteriores a Pavón, los más lúcidos, son crepusculares. Esa idea griega del búho de Minerva levantando vuelo al caer la tarde. Facundo es libro que convoca a la acción dando a la palabra máxima tensión. El que no me gusta es Recuerdos de Provincia, donde el autor, joven, se hace su propia e interesada biografía laudatoria. Como César cuando escribe sobre las Galias. Espero no caer nunca en esa actitud de gente sin abuela, necesitada de hablar bien de sí misma.
Sobre cuál es el rol actual de los libros de reflexión política, tiene razón usted: es una modalidad de discurso no predominante en el paradigma de comunicación vigente hoy en la sociedad. No estamos en la galaxia Gutemberg, como cuando yo era chico. Una plataforma tecnológica no sustituye o elimina completamente a las demás, coexisten. Durante los quinientos años de su primacía la imprenta no eliminó las variadas formas orales del discurso.
Quizás en estos tiempos algún programa televisivo de chimentos hubiera invitado a Alberdi y Sarmiento a tirarse sus libros por la cabeza literalmente.
¿Tiene sentido buscar la palabra precisa y el discurso articulado, en un tiempo en que el pensamiento se constituye con mensajes en un marco de circulación vertiginosa y volumen enorme? Algún sentido ha de conservar. Con que alguien leyese un texto y le encontrase placer o utilidad, ya valdría el esfuerzo. Como esas botellas con mensajes que dicen tiran los náufragos en islas desiertas.


- ¿Qué impresión le produce ver cristalizado en este formato el resultado de su trabajo? ¿Por qué optó por El Diario para publicar esta serie de notas y porqué decide editar su libro de este modo y por este canal de distribución?
- Como le dice el Sr. Olivander a Harry Potter, no es el mago quien elige la varita, sino la varita la que elige al mago (responde luego de una carcajada). Yo no opté, se fue dando. Para mí fue un gusto que EL DIARIO empezara a publicar periódicamente notas mías, lo que atribuyo más a la amistad que al valor que tengan. Fue placentero recibir comentarios de viejos amigos. Y fue una satisfacción enorme que me pidiesen escribir en fechas u ocasiones particulares. Hugo Seri las interpretó e ilustró maravillosamente. Reunirlas en un libro, como menciono en el prólogo, fue idea de Fabián Vivot. La distribución en Entre Ríos con EL DIARIO es una oportunidad enorme. Uno es del lugar donde ha nacido, y de alguna manera esto me permite o me parece volver un poco. Pedirle a Juan Giani y Agustín Rossi que lo prologuen, es un reconocimiento a compañeros con los que he compartido treinta años largos de militancia política consecuente.

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