"La Flaca" se murió el último jueves de noviembre y yo me enteré tres días después. Muy pocos sabían de nuestra amistad que venía desde hace unos 8 años. Era dos años mayor que yo, y a pesar de mis intentos nunca me dio pelota. Lo bien que hizo.
Escribía bien y cada tanto me mandaba algo para que lea y opine. Quería publicar un día sus historias y pensamientos sueltos en un libro. A mi me gustaba como escribía a pesar que muchas veces se pasaba de vueltas con sus críticas a las mujeres -tanto que parecía odiarlas- a las que consideraba simplemente unas pelotudas.
Yo fui guardando todo lo que me mandó estos años y a veces le afané algunas frases para este blog, cosa que me hacía notar en nuestros encuentros en su casa de Santo Tomé.
Cuando ya sabía que se le venía la parca me autorizó a que publique "en ese bloguectio politiquero que vos tenés" alguna de sus historias (que el primero sea el de las "Instrucciones para librarse de un hombre", me ordenó), a condición de mantener su anonimato y que tampoco me las adjudique.
Este último tiempo estuve releyendo casi todo lo que tengo. Me pone triste que ya no esté, pero hay cosas que me hacen reír mucho, y otras veces que hasta la recuerdo leyéndome -casi actuando- lo que se le ocurría. Eso es todo lo que voy a decir de La Flaca.
Cumplo entonces con la orden que me dejó, aunque no tan al pie.
Los Secretos
No debe haber cosa más linda para mi que alguien tenga la suficiente confianza como para confiarme un secreto a sabiendas que no se lo contaré a nadie.
Muchas veces me vi tentada de contarlos porque eran realmente historias encantadoras y que en cualquier reunión de mujeres irían a garantizar la carcajada por un largo rato.
No me imagino las reuniones de hombres hablando de sus temas, ni mucho menos hablando de "las mujeres" y sus hazañas sexuales. Me imagino sí, que nunca cuentan sus fracasos. En eso también somos diferentes.
A mi no me gusta contar mucho mis secretos porque siempre sospecho que algún detalle a alguna se le va a escapar y eso no lo perdonaría. Ni siquiera soportaría que cuenten la historia cambiando los nombres de los que participamos de la anécdota.
Sin embargo yo no hago eso. Escribo todas y cada una de las cosas que me cuentan y que para mi tiene algún interés. Y el interés pasa por lo que aprendí, por lo que me hizo reír, porque me dejan bien parada, o porque mis intervenciones fueron memorablemente vergonzosas. Estas últimas nunca las cuento tal cual fueron y suavizo mis yerros.
Que yo esté escribiendo esto es también un secreto, que tal vez alguien algún día conozca, como también espero que sepa guardarlo. Desde el más allá los estaré vigilando y maldeciré a quien lo cuente tanto como a quien se atreva a enterarse de mis locuras.
Advierto que de mis maldiciones no se sale fácil.

1 comentario:
Muy lindo. Esperamos más historias.
Eber.
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