Boxea mejor de lo que escribe, aunque a veces elige rivales bastante pelotudos.En esta nota se las agarra con algunos otros, pero a pura pluma.
Por Maxi Ahumada
Aunque suene descortés considero necesario empezar con una advertencia: si la conclusión de estos párrafos los lleva a la anémica síntesis de “sos kichnerista”, habré fracasado en mi intento, o tal vez, alguno de ustedes no fueron capaces de eludir el recurrente facilismo pavliano.Lo que intento, de alguna manera, es poner en superficie el síndrome de Estocolmo que existe entre ustedes y nosotros, los periodistas. Pero sería absolutamente deshonesto no decirles que los rehenes son ustedes, los que no son periodistas. Leen nuestras noticias, nos escuchan en la radio y nos ven en la tele. Mientras tanto, nosotros, fortalecemos a cada instante el engaño de que somos simples vehículos de la información. No tenemos historia propia ni intereses, sólo le mostramos la realidad tal cual es. ¿Existe acaso una estafa mayor que esa?
Quizás la única excusa válida es que utilizamos esta falsa prédica para esconder nuestras miserias. Tampoco vamos a transitar por el periodismo para contarles que en muchos casos nos están pagando no por lo que decimos, sino por lo que callamos.
Y cada dos por tres aparece alguien que denuncia “me censuran, no me dejan hablar libremente”, a la espera de que la sociedad abandone su pasividad para salir a combatir, si es necesario con violencia, a quienes atentan contra la verdad. Y, bajo ese casi burlesco apotegma, ustedes tienen un designio irrenunciable: la salud de una república.
En definitiva, no se trata de una cuestión necrológica sobre este derecho fundamental, sino más bien, la idea de se active, a través del engaño, la defensa de nuestros propios intereses. En variados casos, si yo como periodista soy el vehículo de la verdad, la nafta viene en sobre.
Y como los comunicadores rechazamos el genocidio de la verdad, tenemos la obligación de preguntarles a ustedes (sólo en carácter de choferes de la realidad): ¿Les parece bien que 678 sea solventado con nuestros impuestos?
Pues, avancemos un poco más entonces, porque señores lectores, televidentes, oyentes, etc, etc, etc, lamento comunicarles que todos nosotros vivimos de sus impuestos.
Por ese motivo, si vamos a apelar a la honestidad (palabra que es objeto de torturas sistemáticas a diario en manos de comunicadores), digamos que en Santa Fe está lleno de 678.
¿O acaso el gobierno de Hermes Binner no otorga pautas a periodistas y medios? Por supuesto, me incluyo entre la larga lista de periodistas que recibimos “publicidad” del gobierno.
Entonces, cuando Binner dice que “necesitamos mayor calidad institucional”, los 678 de aquí son invadidos de una inexplicable amnesia que les impide recordar el descaro de los subsidios a municipios y comunas cercanas al oficialismo. Más del 90 por ciento de esos aportes no reintegrables fueron enviados, por casualidad, a localidades donde gobiernan amigos del poder de turno.
Cuando se habla de crispación (palabra que me seduce quizás por mi inclinación constante a la provocación), los 678 de Santa Fe no recuerdan frases recientes como “gorila (referida a Giustiniani) o morajú (direccionada al intendente Barletta).
Demás está decir que los 678 de Santa Fe tampoco le van a comentar a ustedes sobre la gran cantidad de contrataciones directas y la impúdica aparición de empresas rosarinas que manejan el monopolio de la obra pública.
Los 678 de Santa Fe hablan del monstruo Moyano y sus vicios. A diario intentan convencerlos a ustedes sobre la necesidad de democratizar estos gremios. Suena raro, hablan de democracia y pocas veces sus interlocutores son los propios trabajadores. Y por el contrario, cuando hablan de Santa Fe y entrevistan a sindicalistas que ostentan sospechosos crecimientos patrimoniales son poseídos por una extraña y perversa amabilidad.
Los de acá apuntan con el dedo y esconden la mano. Nos mienten cuando hablan de libertad de expresión y sólo defienden sus bolsillos. Edifican sus estrategias comunicaciones sobre un ardid y fundamentalmente manejan con mayor destreza la hipocresía por encima del micrófono.
Entonces, si me dan a elegir, me quedo con 678 de la Televisión Pública, sin lugar a dudas.
5 comentarios:
Buen artículo del Sr. Ahumada. A ver quién dice: "Touché"
Coincido con Victor. También considero, señor Ahumada, que habría que abrir otro debate. El de los medios privados, que también pagamos todos, no como contribuyentes, sino como consumidores. ¿O acaso no viven de la publicidad de productos que nosotros consumimos?.
Desde luego, sospecho que los campeones de la libertad en abstracto (Lanata, Majul, Bonelli, etc)no se meterían en ese terreno.
Saludos
Ya es un tema muy trillado, pero no está demás repetirlo: Todos se quejan de la pauta oficial -ojo, de la nacional nomás- pero de la de los gobiernos provincialesy municipales nadie dice nada.
Y la pauta oficial nacional representa solamente el 3% de lo que es la torta publicitaria. De los "aportantes" privados tampoco se dice nada, y esos sí que te aprietan para que hables o no de ciertos temas.
Sin conocer a este señor/muchacho/pibe o lo que sea, me dio gusto leerlo.
Fabián, desde Río Tercero.
Payaso te felicito por el nivel del blog. Aunque no comparto todas tus ideas. En este fino artículo me parece que una cosa no invalida la otra. Es cuestión de magnitud. El estado nacional marca la pauta en la vida del país. Si los de arriba no hacen nada por solucionar los problemas de corrupción, inseguridad y la doméstica, etc., los de abajo mal que mal hacen lo mismo y no justifica lo que hacen los de arriba. Los medios de comunic. público y privado tienen sus intereses, vender, ganar dinero, instalar temas, canalizar una ideología, propagar ideas políticas, etc. Los periodistas trabajan en esa línea. Al margen de la credibilidad o independencia siempre se hace en línea de lo que se busca.
Muy creativa la nota y también sofística. Porque buscar defender y justificar la cañonera kirchnerista que busca arremeter contra el enemigo para perpetuarse en el poder. Lo demás también es correcto pero desvía el foco. Cristina y Néstor fueron corruptos, la primera lo sigue siendo, pero nadie está negando que existe corrupción en otros niveles estamentales.
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